Fragmentos. La sonrisa del monstruo

Los Justos de 611 teatro

¿Vamos a matarlo, verdad? Sí, vamos a matarlo. Y lo dice con una sutileza que me confunde. No, me acojona. Porque no es sólo sutil la forma de decirlo sino que esa caricatura de sonrisa que lo acompaña lo hace aún más aterrador. Creo que hasta Pablo se ha acojonado mientras lo observa allí parado, de rodillas, como si él fuera la víctima de esas palabras.

Pedro se vuelve, mira de reojo a Lola que le ofrece su sonrisa y cierra los ojos. Pablo termina su texto. ¿Vamos a matarlo, verdad? Repite. Sí, vamos a matarlo. Otra vez. Y sus ojos se pierden en la cegadora luz del foco y a estas alturas no creo que ande muy cerca de por aquí. Es la calma lo que da miedo. Lo que transforma en un monstruo al hombre. De nuevo se gira pero ya no mira a Lola. Ya no está aquí, eso es seguro. Una última vez, la más espeluznante y, de repente, cuando acaba su frase, alguien enciende la luz y acaba la pesadilla.

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